Por Cyndi Valderrama
El tiempo de descanso para nuestros hijos es sumamente importante y necesario para su bienestar físico y emocional, más aún cuando el ritmo escolar en nuestro país suele ser una experiencia desgastante y agotadora tanto para los hijos como para los padres. En muchas ocasiones cumplir con las actividades académicas y las rutinas escolares genera mucha presión en la familia; y en ese sentido, las vacaciones son un buen momento para desconectarse y tener un horario más flexible donde se priorice el tiempo de relajación, pero también donde los niños vivan experiencias novedosas de manera lúdica.
Estar de vacaciones no significa “no hacer nada” por el contrario, en este espacio los niños tienen la oportunidad de jugar, crear y aprender nuevas habilidades de forma libre y sin presiones; de relacionarse y generar nuevos lazos amicales; y, de compartir experiencias en familia que les dejen recuerdos inolvidables.
Estar de vacaciones tampoco significa “dormir todo el día o hasta tarde”, pues se espera que los chicos conserven cierta estructura en su rutina, sobretodo las ligadas a mantener un descanso y alimentación saludable; y que, a ello, se pueda incorporar mayores actividades de disfrute. Por ejemplo, pueden levantarse y acostarse un poco más tarde que lo habitual, pero se debe procurar sostener un mismo horario para todos los días y así evitar alteraciones en el sueño que impacten en su desarrollo y en su desenvolviendo del día siguiente. Además, tener un “horario vacacional” va a hacer que la vuelta al colegio sea una transición más llevadera.
En este artículo, te dejo algunas ideas que puedan ayudarte a organizar las vacaciones de nuestros hijos o a darles algunas opciones, teniendo en cuenta que nuestros tiempos de descanso no necesariamente coinciden con los de ellos:
- Actividades para compartir en familia: va ayudar que primero escuches a todos los miembros de la familia sobre que les gustaría hacer en su tiempo libre, y puedan encontrar actividades y tiempos en común. Por ejemplo: ir al zoológico, jugar juegos de mesa, cocinar, etc.
- Actividades al aire libre: caminatas, paseos en bicicleta, ir a la playa, hacer picnic son algunas actividades que promueven el ejercicio físico y la conexión con la naturaleza.
- Actividades con amigos: organizar algunos encuentros con amigos para una tarde de película, pijamada, salida a la piscina, etc.
- Participar en algún curso o taller: inscribirlo en alguna clase de su interés, pero donde el aprendizaje se transmita mientras juegan y exploran. Las clases como música, arte, deporte, etc. potencian su autonomía, trabajo en equipo y creatividad; más que clases relacionadas a lo académico.
- Dejar espacio para el aburrimiento: no podemos saturarlos de actividades, también es valioso que tengan un espacio en blanco que los lleve a generar algo que hacer, por ejemplo: hacer un postre, pintar, leer, buscar alguna amistad, conversar con quien este en casa, involucrarse en un proyecto, etc.
- Involucrarlos de manera más activa en la rutina del hogar: este es un buen tiempo para ir creando algunos hábitos que vayan acorde a la edad de tus hijos, para que cuando llegue la etapa escolar, ya sean parte de su día a día. Por ejemplo: lavar algunos servicios, barrer, limpiar su habitación, pasear a la mascota, etc.
- Mantener el control sobre el tiempo de uso de dispositivos electrónicos: muchas veces acordamos con nuestros hijos que en vacaciones pueden usar más tiempo los dispositivos para jugar o estar en redes sociales; pero independientemente de si están o no en el colegio, el tiempo de uso debe ser restringido y acorde a su edad.
Durante las vacaciones nuestros hijos pueden crecer personalmente, recargar energías y pasar un buen rato con amigos y familia.
¿Te has puesto a pensar que aproximadamente tenemos 18 vacaciones en familia? así que es momento de aprovecharlas.
Finalmente, es importante recordarnos que como padres también necesitamos y merecemos un tiempo de descanso y espacios de autocuidado, ya que somos absorbidos por lo cotidiano, las demandas laborales y familiares, y muchas propias exigencias que pueden ser transmitidas a nuestros hijos sin darnos cuenta de ello. Darnos tiempo para algunas actividades de nuestro interés que fomenten la desconexión de las responsabilidades; conseguir hábitos saludables como un buen descanso y alimentación; contar con una red de apoyo emocional sean amistades u otros padres de familia con quienes compartamos experiencias, preocupaciones y alternativas de solución, son algunas maneras en las que no solo promovemos el ser cuidadosos con nosotros mismos, sino que este bienestar va a tener un impacto positivo en la crianza de nuestros hijos.